Shubert, "La Muerte y la doncella" y Mahler, "5ª Sinfonía, el Adagietto"


Hola a todos, yo escucho con frecuencia esta música de la 5ª Sinfonía de Mahler que fue la que eligió Luchino Visconti para "la Muerte en Venecia". Creo que el Adagietto expresa mejor que ningún texto escrito lo que es la soledad, en este caso la del personaje interpretado magistralmente por Dirk Bogarde, el músico Gustav von Aschenbach que, en alguna medida está inspirado en Gustav Mahler. Y os la recomiendo porque pienso que esta música nos demuestra a qué hemos venido a este mundo absurdo y sin sentido. No hemos venido a ser felices por obligación porque eso está en manos del azar, hemos venido a descubrir el amor como una revelación, a veces eterna y a veces pasajera, pero siempre lo más maravilloso que nos trae la vida.

Otras veces me refugio en Shubert y escucho "La Muerte y la doncella", ese obsesivo cuarteto de cuerda que parece encerrar una energía indescifrable pues se acerca la Muerte y su llamada no es un simple adiós a la vida. La Dama Negra viene y el tiempo se cierra, es cierto, todo se para, no hay palabras. En verdad sobran las palabras, pero esta música nos entrena para cuando regresemos a la madre tierra y se nos plantee el problema de la realidad de otra manera, seguiremos siendo realidad porque nuestras moléculas o nuestros atómos no desaparecerán, pero careceremos del conocimiento de ellas.
¡Qué putada¡ ¿No?

Bueno, no debe ponernos nerviosos el No-Seré como nunca nos puso nerviosos el No-Fuí, que el tiempo mide a su manera. Nos desprendemos de las cosas olvidándolas y la Muerte es el gran olvido, la ignorancia suprema, aunque nuestra realidad seguirá ahí formando parte del universo.

Y como la sinceridad no es la mejor definición de mi carácter, prefiero recordarme de niño y dejar a un lado las pesadillas. Prefiero un poco de música, un poco de poesía, no aspirar a grandes cosas. Al final lo único que nos queda a todos es la resignación.


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sábado, 17 de abril de 2010

Hace que dude

Hoy, mientras llueve, te quejas del método que imponen los años, algo que eres incapaz de precisar te tiene alerta mientras se empeña en advertirte que no siempre es bueno aquello que te complace. ¿Qué ocurre, Guillermo? Un solitario como tú inscribe sus sueños en la trampa del desengaño, se pone una careta y disimula frente a sus amigos. ¿Qué esperas? Vas de aquí para allá presumiendo de una libertad que no es más que un fantasma y no te atreves a salir a la calle por si acaso te encuentras con alguien que te pregunte qué te pasa. Miras si has colocado bien los libros, si has hecho bien la cama y están cerradas todas las puertas. Coges el paraguas y las llaves. ¿Es una mujer? Maldita sea mi soledad, dices cuando te lo pregunto, hace que dude.