¿De qué árbol, de qué rama eres tú, savia sin vida? ¿En qué han cambiado las cosas? No será la primavera nunca más primavera ahora que ella se ha ido. Ni sus ojos inmóviles sabrán que estás a su lado, ni sus manos acogerán tus súplicas. Ya no se alzan alegres sus pechos al cielo, pues reposa callada aunque la ventana traiga la luz hasta sus labios. Siempre acaba lo que debe terminar, las playas secretas, las suaves sedas, los temblorosos presentimientos de que al paraíso, al morir la tarde llega una alondra que no canta. Vete, viajero, nada tienes que hacer entre nosotros. Ella ya es una sombra perfecta y Dios no permite caricias cuando llega el pájaro de la muerte.
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miércoles, 21 de abril de 2010
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