Shubert, "La Muerte y la doncella" y Mahler, "5ª Sinfonía, el Adagietto"


Hola a todos, yo escucho con frecuencia esta música de la 5ª Sinfonía de Mahler que fue la que eligió Luchino Visconti para "la Muerte en Venecia". Creo que el Adagietto expresa mejor que ningún texto escrito lo que es la soledad, en este caso la del personaje interpretado magistralmente por Dirk Bogarde, el músico Gustav von Aschenbach que, en alguna medida está inspirado en Gustav Mahler. Y os la recomiendo porque pienso que esta música nos demuestra a qué hemos venido a este mundo absurdo y sin sentido. No hemos venido a ser felices por obligación porque eso está en manos del azar, hemos venido a descubrir el amor como una revelación, a veces eterna y a veces pasajera, pero siempre lo más maravilloso que nos trae la vida.

Otras veces me refugio en Shubert y escucho "La Muerte y la doncella", ese obsesivo cuarteto de cuerda que parece encerrar una energía indescifrable pues se acerca la Muerte y su llamada no es un simple adiós a la vida. La Dama Negra viene y el tiempo se cierra, es cierto, todo se para, no hay palabras. En verdad sobran las palabras, pero esta música nos entrena para cuando regresemos a la madre tierra y se nos plantee el problema de la realidad de otra manera, seguiremos siendo realidad porque nuestras moléculas o nuestros atómos no desaparecerán, pero careceremos del conocimiento de ellas.
¡Qué putada¡ ¿No?

Bueno, no debe ponernos nerviosos el No-Seré como nunca nos puso nerviosos el No-Fuí, que el tiempo mide a su manera. Nos desprendemos de las cosas olvidándolas y la Muerte es el gran olvido, la ignorancia suprema, aunque nuestra realidad seguirá ahí formando parte del universo.

Y como la sinceridad no es la mejor definición de mi carácter, prefiero recordarme de niño y dejar a un lado las pesadillas. Prefiero un poco de música, un poco de poesía, no aspirar a grandes cosas. Al final lo único que nos queda a todos es la resignación.


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jueves, 22 de abril de 2010

Carpe diem

Goza del día que estás viviendo y no jures que otro igual vendrá mañana pues nadie sabe el fin que el azar le tiene reservado. Algo así escribe Horacio a su amigo Leucónoe. Filtra tu vino, le dice, para mejorarlo y contén la esperanza.

¿Qué somos los seres humanos sin esperanza? Al contrario de lo que mucha gente cree, yo pienso que sin esperanza es cuando somos verdaderamente humanos, cuando comprendemos la importancia de nuestro corto vivir y cuando somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos sin temer a la Señora Muerte, esa dama que Baudelaire, en Las flores del Mal, nos describe con una mirada profunda y fría que hiere cual dardo y, de los pies a la cabeza, un peligroso aroma desprende su tostado cuerpo.
"Ay, Muerte, muerta seas, muerta y malandante/ matásteme a mi amado, matásteme a mi amante." Así, con estos versos, echa a andar la lengua castellana, matando a la Muerte por el dolor que nos causa. Yo prefiero refugiarme en el Tao, el libro de la vida y la virtud que el filósofo Lao-Tze escribió en el siglo V antes de Cristo: "Aquello que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa".
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