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Shubert, "La Muerte y la doncella" y Mahler, "5ª Sinfonía, el Adagietto"


Hola a todos, yo escucho con frecuencia esta música de la 5ª Sinfonía de Mahler que fue la que eligió Luchino Visconti para "la Muerte en Venecia". Creo que el Adagietto expresa mejor que ningún texto escrito lo que es la soledad, en este caso la del personaje interpretado magistralmente por Dirk Bogarde, el músico Gustav von Aschenbach que, en alguna medida está inspirado en Gustav Mahler. Y os la recomiendo porque pienso que esta música nos demuestra a qué hemos venido a este mundo absurdo y sin sentido. No hemos venido a ser felices por obligación porque eso está en manos del azar, hemos venido a descubrir el amor como una revelación, a veces eterna y a veces pasajera, pero siempre lo más maravilloso que nos trae la vida.

Otras veces me refugio en Shubert y escucho "La Muerte y la doncella", ese obsesivo cuarteto de cuerda que parece encerrar una energía indescifrable pues se acerca la Muerte y su llamada no es un simple adiós a la vida. La Dama Negra viene y el tiempo se cierra, es cierto, todo se para, no hay palabras. En verdad sobran las palabras, pero esta música nos entrena para cuando regresemos a la madre tierra y se nos plantee el problema de la realidad de otra manera, seguiremos siendo realidad porque nuestras moléculas o nuestros atómos no desaparecerán, pero careceremos del conocimiento de ellas.
¡Qué putada¡ ¿No?

Bueno, no debe ponernos nerviosos el No-Seré como nunca nos puso nerviosos el No-Fuí, que el tiempo mide a su manera. Nos desprendemos de las cosas olvidándolas y la Muerte es el gran olvido, la ignorancia suprema, aunque nuestra realidad seguirá ahí formando parte del universo.

Y como la sinceridad no es la mejor definición de mi carácter, prefiero recordarme de niño y dejar a un lado las pesadillas. Prefiero un poco de música, un poco de poesía, no aspirar a grandes cosas. Al final lo único que nos queda a todos es la resignación.


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Mahler - Adagietto

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sábado, 24 de abril de 2010

Límite y limitación

Ya de vuelta, casi de vuelta de todo por cosas de la edad, digo que encuentro la calma en contadas ocasiones y siempre cuando estoy solo, que pocas veces he vivido pensando en el futuro, que resisto al tiempo malamente y carezco de mérito y de importancia. Pero "vivir es anhelar", dice Ortega, y el anhelo es lo verdaderamente humano. Yo anhelo lo mejor para los míos, a todas horas pienso en cosas buenas y felices para ellos (sueño despierto), y lo que sufro lo callo. Pero no es suficiente, no me conozco, ya me gustaría. Únicamente digo que lo que escribo apenas vale pues las musas danzan siempre bien lejos, que me enredo constantemente y esa torpeza me define, que cuento con personas que me quieren. Supongo que a vosotros os pasará igual.

viernes, 23 de abril de 2010

La impenitente manía de escribir

Escribimos de tantas cosas, sobre lo que hemos sido (autobiografía), sobre lo que fue de otros (biografía), sobre lo que pudimos haber sido y no fue (desilusiones), sobre lo que nos hubiese gustado ser (ilusiones). Escritura real o metafísica, capaz de transportarnos a los instintos más bajos o purificarnos. Pero yo creo que en los buenos escritores hay algo más, algo impreciso y obtuso que les persigue a todas partes recordándoles que son frágiles. Y como eso les lleva a sufrir, precisamente por eso escriben, por un silencio que oyen en cualquier lugar y deben analizar si quieren quedar tranquilos. El buen escritor, en mi opinión, se caracteriza por ser un analista del mundo y de la vida que "escucha" palabras que los demás mortales no escuchamos y siente algo que le empuja a ponerlas sobre un papel. Así nace la buena literatura, ésa que nos conmueve y nos despierta y nos llena de alegría. Como hoy se celebra el Día del Libro, rindo desde aquí un pequeño homenaje a todos los escritores, los buenos, los medianos y los regulares, porque ellos y sólo ellos, con su impenitente manía de escribir, hacen posible la magia de los libros. Felicidades.

jueves, 22 de abril de 2010

Carpe diem

Goza del día que estás viviendo y no jures que otro igual vendrá mañana pues nadie sabe el fin que el azar le tiene reservado. Algo así escribe Horacio a su amigo Leucónoe. Filtra tu vino, le dice, para mejorarlo y contén la esperanza.

¿Qué somos los seres humanos sin esperanza? Al contrario de lo que mucha gente cree, yo pienso que sin esperanza es cuando somos verdaderamente humanos, cuando comprendemos la importancia de nuestro corto vivir y cuando somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos sin temer a la Señora Muerte, esa dama que Baudelaire, en Las flores del Mal, nos describe con una mirada profunda y fría que hiere cual dardo y, de los pies a la cabeza, un peligroso aroma desprende su tostado cuerpo.
"Ay, Muerte, muerta seas, muerta y malandante/ matásteme a mi amado, matásteme a mi amante." Así, con estos versos, echa a andar la lengua castellana, matando a la Muerte por el dolor que nos causa. Yo prefiero refugiarme en el Tao, el libro de la vida y la virtud que el filósofo Lao-Tze escribió en el siglo V antes de Cristo: "Aquello que la oruga llama el fin del mundo, el resto del mundo lo llama mariposa".
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miércoles, 21 de abril de 2010

La despedida

¿De qué árbol, de qué rama eres tú, savia sin vida? ¿En qué han cambiado las cosas? No será la primavera nunca más primavera ahora que ella se ha ido. Ni sus ojos inmóviles sabrán que estás a su lado, ni sus manos acogerán tus súplicas. Ya no se alzan alegres sus pechos al cielo, pues reposa callada aunque la ventana traiga la luz hasta sus labios. Siempre acaba lo que debe terminar, las playas secretas, las suaves sedas, los temblorosos presentimientos de que al paraíso, al morir la tarde llega una alondra que no canta. Vete, viajero, nada tienes que hacer entre nosotros. Ella ya es una sombra perfecta y Dios no permite caricias cuando llega el pájaro de la muerte.

Las cochinillas

La cochinilla es mi insecto preferido desde siempre, cuando era pequeño tenía una cajita metálica y allí guardaba varias. Las estudiaba horas y horas y nunca hacían nada. Lo más curioso de este animal es que cuando lo tocas se convierte en bola. Su defensa consiste en eso, en dejar de parecer un ser vivo. ¿No es maravilloso? Pero nunca le digáis a una cochinilla perezosa, nunca la ofendáis, que es susceptible como la muerte y se enfada.
En cierto modo yo me asemejo a ellas, paso por este mundo sin hacer nada y cuando me miro al espejo y veo los estragos del tiempo, en ese momento me convierto en bola y digo está bien, pues envejecer y morir es ley de la Naturaleza y en ella todo está ordenado y perfecto.
En este blog pienso seguir la ley de cochinilla, pero nunca me llaméis perezoso. Guilermo es muy susceptible y ciertas cosas le hacen daño. Mejor cantar, ¿no os parece?
"Como las cochinillas
un día los seres humanos sintieron su frío
y quisieron compartirlo,
entonces inventaron el amor.
El resultado fue, ya sabéis,
como las cochinillas."

sábado, 17 de abril de 2010

Hace que dude

Hoy, mientras llueve, te quejas del método que imponen los años, algo que eres incapaz de precisar te tiene alerta mientras se empeña en advertirte que no siempre es bueno aquello que te complace. ¿Qué ocurre, Guillermo? Un solitario como tú inscribe sus sueños en la trampa del desengaño, se pone una careta y disimula frente a sus amigos. ¿Qué esperas? Vas de aquí para allá presumiendo de una libertad que no es más que un fantasma y no te atreves a salir a la calle por si acaso te encuentras con alguien que te pregunte qué te pasa. Miras si has colocado bien los libros, si has hecho bien la cama y están cerradas todas las puertas. Coges el paraguas y las llaves. ¿Es una mujer? Maldita sea mi soledad, dices cuando te lo pregunto, hace que dude.

Esa foto

Quisiera ser yo, recuerda tanto al que fui, al círculo que se está cerrando, que no puedo dejar de mirarla. Ese niño que de repente aparece y me saluda desde el otro lado como si adivinase este momento, es a la vez quien ya no soy y quien me sostiene sin poder renunciar a todos mis fracasos.

Dichoso quien como Ulises ha hecho un buen viaje y al regresar descubre el niño que fue, la casa caliente donde nació, la vieja cocina donde todos los olores se mezclaban.